Una iniciativa colectiva busca poner en funcionamiento seis espacios destinados a la primera infancia dentro de la Unidad Penitenciaria Nº 33 de Los Hornos, donde viven niños y niñas junto a sus madres. El objetivo es concreto: generar lugares cuidados, seguros y estimulantes donde puedan jugar, aprender, expresarse y desarrollarse.
Por Baiana Accinelli · 8 de septiembre de 2026

El proyecto es coordinado por Juan Ignacio Fariña, quien se encuentra articulando el trabajo entre distintas personas, instituciones y organizaciones que decidieron sumarse a esta iniciativa y construir una verdadera red de voluntades.

La iniciativa nació a partir del conocimiento de la realidad que atraviesan estos niños y de la necesidad de mejorar las condiciones de los espacios destinados a la primera infancia dentro de la unidad.

“Cuando conocimos la realidad de estos espacios y vimos que había una oportunidad concreta de mejorar los lugares destinados a la primera infancia, decidimos involucrarnos y tratar de hacer algo”, explica Fariña, en comunicación con este medio.

Desde entonces comenzó un trabajo colectivo que fue sumando personas, instituciones y organizaciones. La premisa fue clara desde el comienzo: construir una red de voluntades capaz de transformar una necesidad concreta en una realidad.

El derecho a jugar y aprender

Los niños y niñas que viven junto a sus madres dentro de la unidad atraviesan allí una parte fundamental de sus primeros años de vida. Por eso, quienes llevan adelante el proyecto consideran que el contexto familiar no puede dejar de lado la importancia de garantizar condiciones adecuadas para su desarrollo.

“Más allá de las circunstancias en las que se encuentran sus familias, la primera infancia necesita ser cuidada y acompañada, y el entorno en el que los chicos juegan y aprenden también es importante”, sostiene Fariña.

La propuesta contempla espacios con mobiliario acorde a las edades, libros, materiales para actividades artísticas, juegos y diferentes elementos que favorezcan el desarrollo y el juego libre.

Porque, en este caso, jugar no es solamente una actividad recreativa. “Para nosotros, también es un derecho”, remarcan desde la organización.

La iniciativa no pretende desconocer ni modificar la realidad del contexto de encierro, sino intervenir sobre una parte concreta de la experiencia cotidiana de los niños.

“Crear estos espacios no cambia la realidad del contexto de encierro, pero sí puede transformar una parte de la experiencia cotidiana de los chicos y ofrecerles mayores oportunidades de desarrollo, encuentro y aprendizaje”, explica Fariña.

Todo lo que ya se consiguió

La respuesta de la comunidad permitió avanzar significativamente. Hasta el momento, el proyecto logró reunir los pisos de goma eva, seis estanterías bajas, seis bibliotecas infantiles, seis mesas infantiles, 10 de las 24 sillas necesarias, 36 almohadones, maderas y el trabajo de un carpintero que, junto con internos de una de las unidades, fabricará parte del mobiliario.

También se consiguieron alrededor de 50 libros infantiles, juguetes, seis kits Montessori, crayones y otros materiales.

Sin embargo, todavía quedan elementos necesarios para completar los seis espacios.

Entre ellos se encuentran 14 sillas, 36 contenedores plásticos, seis plazas Montessori, seis pizarras y distintos artículos de librería como témperas, hojas, cartulinas, pinceles, plastilinas, lápices de colores, plasticolas, fibras y tizas.

Pero quienes impulsan la iniciativa destacan algo por encima de la lista de pendientes: todo lo conseguido hasta ahora representa el resultado concreto de una comunidad que decidió involucrarse.

“Cada cosa que aparece en los espacios es el resultado concreto de alguien que decidió colaborar”, señala Fariña.

Una red que sigue creciendo

La campaña también demuestra que no existe una única manera de ayudar. Se puede realizar un aporte económico, donar alguno de los elementos que todavía hacen falta, conseguir materiales o incluso acercar el contacto de una empresa, institución u organización que pueda sumarse.

“No hace falta que un aporte sea enorme. A veces alguien puede conseguir una caja de materiales, otra persona puede donar una silla y otra puede acercarnos un contacto. Todo suma”, explica el coordinador.

La iniciativa cuenta con la articulación y el acompañamiento de Acción Católica La Plata, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa La Plata (ACDE), la Cátedra Libre Enrique Shaw, la Universidad Católica de La Plata, el Rotary Club Ensenada y el Colegio La Inmaculada de Ensenada.

La apuesta es que los seis espacios puedan finalmente abrir sus puertas y convertirse en lugares donde los niños encuentren algo tan esencial como un ámbito pensado para ellos.

“Queremos que estos seis espacios sean una realidad y que cada niño y cada niña que los utilice encuentre allí un lugar para jugar, aprender, compartir y crecer”, resume Fariña.

Porque detrás de cada silla, cada libro, cada juguete y cada caja de materiales hay algo más que una donación: hay una persona que decidió que las circunstancias no deberían determinar las oportunidades de una infancia.

“Porque más infancias también significa más derechos y más oportunidades.”