Travestis y trans volvieron a concentrarse frente a la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de La Plata para reclamar por políticas alimentarias, acceso al trabajo y respuestas concretas del Estado. Mientras tanto, la organización se sostiene mediante la autogestión, procurando alimentos para compañeras en situación de vulnerabilidad y realizando ollas populares.
Por Baiana Accinelli · 25 de septiembre de 2026

Este jueves, la comunidad travesti-trans volvió a manifestarse frente a la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de La Plata, en 7 entre 48 y 49. La jornada se produjo después del reclamo de la semana anterior y de la convocatoria a una mesa de trabajo destinada a realizar un seguimiento de las personas inscriptas para acceder a la asistencia alimentaria.

Pero, una vez más, la espera se extendió durante toda la tarde. Según relataron las referentes consultadas por El Palco, recién al caer la noche cuatro representantes pudieron ingresar para ser recibidas por funcionarios, luego de que el colectivo insista reiteradamente por una instancia de diálogo ante la falta de respuestas. El resto de las compañeras deberá regresar el lunes para completar las inscripciones pendientes.

La escena volvió a poner en discusión algo que atraviesa todo el reclamo: la distancia entre la convocatoria al diálogo y la posibilidad concreta de que el mismo se produzca. Para las organizaciones travestis y trans, la instancia de negociación que habían reclamado vuelve a quedar atravesada por la burocracia, las demoras y lo que consideran destratos institucionales.

Así, la lucha se sostuvo durante una nueva jornada iluminada por el fuego sobre la calle 7, los carteles escritos a mano, los abrazos entre compañeras para atravesar las horas de espera y una consigna que volvió a repetirse: “Basta de promesas”.

Una política alimentaria que nace de una emergencia más profunda

Galaxia Rod, activista por los derechos humanos y sociales de las personas travestis y trans, plantea que el reclamo no puede ser leído únicamente como un pedido de alimentos. “Estamos hablando de una gestión municipal que lo primero que hizo en su inicio fue modificar el nombre de Asistencia a la Víctima a Secretaría de Mujeres y Diversidades. ¿Y qué pasa con las diversidades?”, plantea.

Para la referente, la pregunta adquiere otra dimensión en un contexto en el que, según describe, hay compañeras sin recursos para alimentarse y otras atravesando situaciones de calle y extrema vulnerabilidad económica. “El Estado tiene que dar una respuesta”, sostiene. Y aclara:

“Nosotras acá no estamos viniendo a pedir que nos regalen nada. Estamos hablando de que hay derechos que no se están cumpliendo, estamos hablando de que hay emergencias que el Estado no está atendiendo y que tienen responsabilidades”.

Galaxia también cuestiona el lugar que ocupan las diversidades en determinados espacios institucionales y feministas. Según plantea, muchas veces las compañeras son convocadas para ocupar un lugar simbólico, pero no para participar efectivamente de los espacios donde se toman decisiones.

“Siempre se han acercado a nosotras, para ponernos en un lugar en la foto, y quedamos en un lugar secundario”, afirma. Y vincula esa situación con otra ausencia que considera central:

“Hoy este colectivo no tiene representatividad por ejemplo en lo que es el Poder Legislativo, no hay compañeras travestis y trans ocupando un lugar de poder dentro de lo que son las instituciones del Estado”.

Para Galaxia, esa falta de representación política forma parte de una problemática más amplia que “atenta contra el desarrollo de nuestras vidas”.

Once años de una ley y una deuda que continúa

La discusión sobre el trabajo ocupa un lugar central en la protesta. La Ley bonaerense 14.783, sancionada en 2015, establece que el sector público debe ocupar en una proporción no inferior al 1% de su personal a personas travestis, transexuales y transgénero. La normativa también alcanza a las municipalidades.

Para Galaxia, existe una contradicción entre la visibilidad institucional de la normativa y la situación que atraviesan las compañeras. “Justamente el jueves pasado, cuando vinimos, era el aniversario de la ley del cupo laboral travesti y trans. Ese mismo día, el Ministerio de Mujeres, la Secretaría de Mujeres, funcionarias que están acá adentro, todas publicaban el flyer de los 11 años de la ley de cupo laboral travesti y trans”, relata.

Y plantea:

“Hoy nosotras estamos acá porque la ley de cupo laboral no se cumple”.

Desde su perspectiva, la falta de acceso al trabajo también explica la necesidad de recurrir a una política alimentaria. “Estamos acá porque hay una necesidad de una política alimentaria que surge porque no están aplicando el cupo laboral travesti y trans”, sostiene.

La Provincia mantiene mecanismos institucionales para la implementación y monitoreo del cupo, entre ellos el Registro Diana Sacayán y una Comisión Técnica Mixta destinada a intervenir en los procesos de incorporación y monitorear su cumplimiento. Pero para las referentes consultadas, la existencia de esas herramientas no alcanza cuando las compañeras siguen sin encontrar respuestas concretas.

Del alimento para la mesa al alimento para las compañeras privadas de la libertad

Mientras esperan respuestas institucionales, la propia comunidad sostiene redes de asistencia. La Yoyi, una de las referentes de la organización, está llevando adelante una colecta para mujeres travestis y trans privadas de la libertad en la Alcaidía Pettinato.

Colecta para las travestis y trans privadas de la libertad

“Estamos armando una colecta para las compañeras que están privadas de la libertad, que son varias y no tienen a nadie. Si no nos tienen a nosotras, no tienen a nadie”, cuenta. Su tarea se suma a otras formas de autogestión que se multiplicaron frente a la falta de recursos.

Galaxia lo explica de manera concreta:

“Hoy el plato de comida en la mesa se sostiene porque nos juntamos a comer entre nosotras”.

La dinámica es tan sencilla como cruda:

“Yo tengo cinco pesos, ella 10 pesos, otra 20 pesos y vamos juntando así hasta que se arma la comida. Esa es la realidad del colectivo travesti trans que afrontan hoy las compañeras”.

Y en paralelo está el trabajo que realiza Yoyi para quienes están detenidas.“Ella está haciendo la colecta y trabajando toda la semana para que las chicas puedan comer, además de lo que se junta para comer entre nosotras, juntamos también para llevar a las compañeras detenidas”, explica Galaxia.

Según relata, algunas de esas mujeres atraviesan además problemas de salud y las condiciones de alimentación dentro de la Alcaidía Pettinato son, según su denuncia, deficientes. “No hay cocina ahí. Lo que se entrega es una vianda que a veces viene en mal estado y otras veces ni siquiera les llega”, afirma.

Por eso, la colecta busca garantizar al menos una vez por semana otro tipo de alimentación y dejar alimentos para los días restantes. Pero Galaxia vuelve a remarcar que, para ellas, esa tarea no debería recaer en la comunidad:

“Esto es responsabilidad del Estado y también del Servicio Penitenciario”.

La autogestión como respuesta ante la ausencia

La comida no es el único gasto que las compañeras afrontan mediante redes propias. Galaxia cuenta que también están haciendo fondos colectivos para ayudar a pagar los alquileres de algunas integrantes. “Estamos sosteniéndonos de esa manera y el Estado tiene que dar respuestas también a esta problemática habitacional”, plantea.

A eso se suman otras situaciones que, según enumera, también forman parte del reclamo: compañeras que deberían acceder a pensiones por discapacidad o por VIH y que todavía esperan que sus trámites sean resueltos. Por eso insiste en que la protesta no debería ser reducida a una oficina municipal.

“No quiero solamente instalar que es algo solo a la Secretaría de Desarrollo Social, sino que es a todo el arco político, a toda la Municipalidad, a la Provincia de Buenos Aires, que son también sectores que se vienen jactando de acompañar a la comunidad, de visibilizar a las diversidades”.

Y resume el escenario con una imagen que atravesó toda la jornada:

“Acá estamos las diversidades hoy cortando la calle pidiendo por una política alimentaria”.

Una discusión que también atraviesa al propio movimiento

La mirada de Galaxia no se limita al Estado. También interpela a la propia comunidad LGBTIQ+. Para la referente, existe una tendencia a concentrar la visibilidad en determinados momentos y formatos mientras quedan relegadas las situaciones más urgentes que atraviesan a las personas travestis y trans en condiciones de pobreza.

“Yo creo que esto es histórico. Yo creo que el colectivo se olvidó de mirar su historia. Creo que el colectivo tiene que sentarse a rever la historia”, plantea.

Su observación parte de la recuperación de la memoria de las primeras luchas travestis en Argentina.“Nos hablan de Stonewall, nos hablan de la Marcha del Orgullo, pero las primeras que salimos a marchar acá en Argentina fuimos las travestis”, sostiene.

Y agrega:

“Hoy hay una Marcha del Orgullo gracias a la visibilidad que llevamos las compañeras travestis y hoy parece que en nuestra propia comunidad hablar de travestis pobres, hablar de travestis marginadas, hablar de travestis que no tenemos nada, también es algo que molesta”.

Galaxia asegura que las propias integrantes del colectivo han recibido cuestionamientos por sostener este tipo de reclamos.

“Hemos recibido comentarios de que somos unas pesadas, hemos recibido comentarios como de que molesta que nosotras hoy salgamos a denunciar la realidad que vivimos”, relata.

Para ella, la discusión tiene un componente que no puede ser dejado de lado: la clase social. “Hoy salís a ver la planta de trabajadores del Estado, tanto de la Provincia como del Municipio, y está llena de gente de la comunidad. Y las compañeras que faltan ocupar esos puestos de trabajo, que además tenemos una ley, son las compañeras travestis y trans”.

Por eso plantea que la comunidad debe volver a discutir cómo la desigualdad económica atraviesa las experiencias dentro del propio movimiento:

“Seguimos siendo la comunidad travesti y trans el sector más pobre dentro de la comunidad”.

Poner el cuerpo ante la injusticia: salir a las calles como identidad

La protesta de este jueves volvió a poner en tensión dos formas de pensar la visibilidad.

Por un lado, la celebración, las banderas, las fechas que se vienen con las distintas Marchas del Orgullo y las grandes movilizaciones. Por el otro, una organización que pasa horas frente a una dependencia estatal esperando ser recibida, juntando monedas para cocinar, recolectando alimentos para compañeras privadas de la libertad y reclamando por el acceso a un trabajo que la ley establece como derecho.

“No es una fiesta, hay que salir a reclamar por los derechos y los derechos nunca se consiguieron desde la pasividad”, resume Galaxia.

La historia que recupera es la de un colectivo que, según sus palabras, nunca obtuvo sus derechos sin salir a buscarlos. “A las compañeras la han cagado a palos, les fueron a romper los DNI a la puerta de la Legislatura cuando no se respetaba la identidad de género”, recuerda.

Y concluye:

“Somos un colectivo que nunca consiguió los derechos desde la pasividad, siempre fue saliendo a pelearlos”.

Las puerta que volverán a golpear y las voces que no van a callar

Mientras la tarde se convertía en noche, las compañeras siguieron esperando. Los carteles volvieron a sintetizar el reclamo: “Basta de promesas”, “El hambre no espera”, “Alak es Milei”.

Entre el fuego que cortaba la calle 7 y los abrazos que funcionaban como sostén frente a las horas de angustia, la manifestación volvió a convertirse en una escena de resistencia. Yoyi insiste en que el reclamo recién comienza.

“Algún funcionario tiene que dar la cara, que digan las cosas como tienen que decirlas y hagan su trabajo como lo tienen que hacer, que dejen de esconder la cara nada más”.

Y anticipa que continuará golpeando puertas:

“El reclamo por ahora está en el Municipio de La Plata. Después veremos adónde vamos a ir a buscar respuestas. Seguiré yendo a golpear la puerta”.

La próxima será el lunes, cuando regresen las compañeras que todavía no pudieron completar su inscripción. Después vendrá el Ministerio de Trabajo, según anticipa la activista, por otra deuda que consideran pendiente: el cumplimiento efectivo del cupo laboral travesti-trans.

“Hay muchos sectores que no están cumpliendo, siendo que tenemos leyes de apoyo”, sostiene.Y vuelve al principio de todo: la necesidad de que alguien responda ante un sector cuyos derechos son vulnerados y cercenados sistemáticamente.

“Es como si la sociedad, el Municipio y los gobernantes no quisieran que existamos”.

La frase queda suspendida sobre una calle que, durante horas, volvió a ser escenario de una lucha que para las travestis y trans no es nueva: ser escuchadas, ser reconocidas y poder gozar de derechos que no deberían tener que salir a reclamar una y otra vez.