“Algunos le dan la manito al poder”, había ironizado Máximo Kirchner para cuestionar a Axel Kicillof. Semanas después, el peronismo levantó la mano en el Senado para votar a Yadarola, el juez de Lago Escondido. Entre una acusación de traición, una “decisión institucional” y una vieja chicana de Facundo Tignanelli en la Legislatura, la interna vuelve a quedar expuesta.Por Gabriela Edith Lorenzo · 6 de septiembre de 2026 “La compañera Crisitina nunca va a dar la manito”. La frase la pronunció Máximo Kirchner en Parque Lezama, el pasado 20 de junio durante el banderazo por el primer aniversario de la detención de Cristina Fernández de Kirchner. No necesitó nombrar a Axel Kicillof para que todos entendieran a quién apuntaba. La referencia no pasó desapercibida para la militancia. El líder de La Cámpora estaba haciendo alusión a la cena inaugural de la 20ª edición de Expoagro en la que el gobernador bonaerense compartió mesa con Mauricio Macri. De ese encuentro empresarial trascendió la foto de ambos dirigentes dándose la mano y las críticas no tardaron en llegar. Tiempo después, Máximo Kirchner volvió a hablar sobre aquel episodio. “Si algo hizo la compañera fue marcarnos un camino. La compañera Cristina nunca va a dar la manito, nunca va a mover el rabo con docilidad, ni va a ser el muertito ante el poder económico”. En el mismo Parque Lezama en el que Kicillof comenzó sus encuentros con los bonaerenses y su carrera política a la Gobernación, el líder de La Cámpora le marcó la cancha con un acto masivo. Aquella “manito” quedó incorporada a la larga lista de gestos que el kirchnerismo utilizó para cuestionar el posicionamiento de Kicillof, ubicándolo en la fila de los traidores, ya no sólo a Cristina, ahora también al pueblo, “moviendo el rabo” al “poder económico”. Las “manitos” que sí La semana pasada, el Senado de la Nación aprobó 67 pliegos judiciales enviados por el Poder Ejecutivo y avanzó así en una nueva etapa de la reconfiguración de la Justicia federal durante el gobierno de Javier Milei. Entre las designaciones estuvieron las de Pablo Yadarola y Pablo Bertuzzi para integrar la Sala I de la Cámara Federal porteña, un tribunal de alzada de los juzgados penales de Comodoro Py. La votación dejó, además, un dato político que encendió la interna peronista: el bloque de Fuerza Patria rechazó el pliego de Bertuzzi, pero acompañó el de Yadarola, uno de los integrantes de la comitiva que viajó en octubre de 2022 a la estancia de Joe Lewis en Lago Escondido. La única excepción dentro del espacio fue la del exministro de Justicia Martín Soria que participó en la votación de Bertuzzi (en contra) pero se ausentó a la hora de votar el pliego de Yadarola. Durante la sesión el jefe del bloque peronista, José Mayans, anticipó que su bancada acompañaría todos los pliegos salvo el de Bertuzzi, respecto del cual dijo que se opondrían “por lo que es de público conocimiento”. Pero sí el motivo para rechazar a Bertuzzi era de público conocimiento, lo que tardó unos días más en conocerse fue el porqué del voto a favor de Yadarola. Recién entonces, Juliana Di Tullio se expresó públicamente a través de sus redes sociales. Aunque el motivo de su posteo fue fustigar a los periodistas que habían cuestionado lo que definió como “una decisión institucional del Senado”. “Me sorprende que algunos periodistas como Gato Sylvestre y Fernando Borroni de C5N interpreten como ‘pactos espurios’ decisiones políticas institucionales del senado cuando tienen al ‘protagonista estelar del viaje a lago escondido’ Marcelo D’Alessandro (ex min. de justicia y seguridad del gobierno de CABA) como su gerente de asuntos institucionales”. La “manito” de los libertarios La expresión de Máximo en Parque Lezama no fue la única vez en la que el kirchnerismo se valió del recurso de la “manito”. Un mes después de aquella jornada, esa palabra resonó en la Legislatura Bonaerense en boca de Facundo Tignanelli, dirigente de La Cámpora. En esa ocasión el diputado había planteado una regla bastante más sencilla: si uno dice que está de acuerdo, tiene que levantar “la manito” y sostenerlo. Fue durante la segunda sesión del año en la Cámara de Diputados de la Provincia, cuando Lucía Iañez hizo mención a un proyecto de su autoría en relación a crear una política pública para la limpieza y saneamiento de espacios donde se hayan cometido femicidios. En su alocución, la diputada de Fuerza Patria que responde al Gobernador, mencionó varias veces a Milei y su desfinanciamiento de los programas de Género. Cuando por el espacio libertario, tomó la palabra Nahuel Sotelo, negó categóricamente las afirmaciones de la propinante y además aclaró que “con todo gusto” su bloque iba a acompañar el proyecto que impulsaba la diputada. En ese momento, mientras Sotelo seguía hablando, Iañez se cruzó a la banca del jefe de bloque y luego de intercambiar unas palabras recuperó su lugar. Finalizada la intervención del espacio libertario, Tignanelli tomó la palabra y pidió el tratamiento sobre tablas del proyecto, ya “que el bloque de LLA dijo que está dispuesto a acompañar” y solicitó cuarto intermedio. Cuando se retomó la sesión no alcanzaron los votos positivos para habilitar su tratamiento. Aunque el rechazo también incluyó a otros bloques, el movimiento de Tignanelli terminó poniendo a los libertarios frente a sus propias palabras. Y no a cualquiera, sino a Sotelo, que cada vez que toma la palabra les agradece al bloque peronista por haber acompañado la Ley Bases en el Congreso, en referencia a los legisladores de las provincias que respondieron a sus gobernadores y no a la línea partidaria. “Cuando uno dice algo después hay que aguantarlo con esto”; dijo Tignanelli señalando su espalda y hombro y cerró: “Si dice estoy de acuerdo con este proyecto, tiene que levantar la manito”. ¿Hay manitos que sí y manitos que no? Quizás no es lo que hace la mano, sino quién la levanta. Yadarola es el episodio que vuelve visible una discusión que ya estaba instalada en el peronismo: quién puede negociar, quién puede acercarse al poder, quién puede hablar con empresarios, quién puede votar determinadas cosas y quién queda marcado como traidor o estratega cuando lo hace. En esta línea, otro episodio que levantó repercusiones mediáticas fue la presencia de referentes del camporismo tales como el senador nacional, Eduardo “Wado” de Pedro y la legisladora Mayra Mendoza en un evento organizado por Daniel Hadad. La convocatoria reunió a empresarios, jueces y figuras de todo el arco político, incluyendo a Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Martín Lousteau, Sebastián Galmarini y Miguel Ángel Pichetto entre otros. La reunión se miró de reojo desde Casa Rosada ante las especulaciones electorales que ubican al empresario de medios como un eventual candidato en 2027, con guiños macristas y kirchneristas. Más allá de las presunciones, esa noche, entre los presentes se encontraban los jueces Ariel Lijo y Ricardo Lorenzetti. El último, integrante del tribunal que condenó e inhabilitó a CFK para ejercer cargos públicos. Algunos encuentros con el poder pueden ser leídos como institucionales o estratégicos. El peronismo provincial exige a LLA que sostenga con el cuerpo aquello que dice con la boca. Entonces, surge una pregunta obligada: ¿Cómo se lee el discurso del kirchnerismo sobre el Poder Judicial cuando sus propios senadores levantan la mano para aprobar el pliego de uno de los jueces vinculados al viaje a Lago Escondido? Consultado por EL PALCO, el senador bonaerense Sergio Berni, que se define como un soldado, y además de Cristina, hizo la siguiente lectura del episodio en el Congreso: “En materia judicial hay una terminología, son decisiones políticas no judicializables, no opinables”. Luego dijo que como no estuvo “no sé por qué se votó como se votó”, al tiempo que aseguró: “Pero lo que sí sé, es que confío plenamente en la transparencia de pensamiento de todos los compañeros senadores de nuestro bloque, el bloque peronista, que si tomaron esa decisión, seguramente la han tomado habiendo estudiado seriamente el caso”. “No es lo que dice, es lo que hace”, dijo Berni sobre el Gobernador, justamente en ocasión de aquel primer aniversario de la detención de Cristina. Fue durante un desayuno con periodistas bonaerenses. Para Kicillof, la vara estuvo puesta en sus actos. Para los senadores peronistas, Berni confía en la transparencia de quiénes levantaron la mano. La escena deja un interrogante: ¿Por qué una mano de Kicillof fue presentada como una traición y otras manos, levantadas o estrechadas frente a actores del poder, reciben explicaciones institucionales? La discusión no parece ser realmente sobre si había que acercarse o no al poder. La discusión es quién puede hacerlo sin pagar un costo político dentro de la dirigencia peronista. Navegación de entradas Bera Rock: una ciudad, muchas voces y un escenario para la pluralidad artística Privatización de Nucleoeléctrica Argentina: la Provincia busca sentarse en la mesa de negociación