Este fin de semana, el Movimiento Derecho al Futuro y el Frente Renovador movieron sus fichas con dos plenarios. Dos escenarios diferentes y una misma discusión: cómo se construye una alternativa nacional del peronismo y quién tendrá la última palabra para definir su candidatura de cara al 2027.
Por Gabriela Edith Lorenzo · 23 de septiembre de 2026
Axel Kicillof y Sergio Massa durante los plenarios del Movimiento Derecho al Futuro y el Frente Renovador, respectivamente.

Este fin de semana, el Movimiento Derecho al Futuro y el Frente Renovador movieron sus fichas con dos plenarios. Uno en la UTN de Avellaneda, otro en la Facultad de Derecho de la UBA. Uno reunió a más de 30 mil personas y a intendentes de distintos puntos del país; el otro convocó a más de mil jóvenes de las provincias. Uno tuvo formato de acto y lanzamiento federal; el otro, una ronda de mates con Sergio Massa. Un recital vs. un acústico.

Distintos escenarios, distintos estilos y hasta distinto volumen, pero una misma discusión de fondo: cómo se construye una alternativa nacional del peronismo y, sobre todo, cómo se define quién tendrá la candidatura presidencial de cara al 2027. En ambos encuentros apareció una misma idea: la nueva etapa no debería resolverse desde las cúpulas, sino desde abajo, con una construcción federal y con candidaturas validadas por el voto popular.

Este sábado 19 de septiembre, dos espacios del peronismo activaron sus engranajes con plenarios encabezados por sus principales figuras.

En Avellaneda, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) realizó el lanzamiento federal de su espacio en la UTN. El encuentro, encabezado por Axel Kicillof y con la participación del intendente Jorge Ferraresi, reunió a más de 30 mil personas y contó con la presencia de dirigentes, organizaciones e intendentes de distintos puntos del país. La jornada se organizó alrededor de distintas carpas temáticas, donde se discutieron propuestas que, según explicó el espacio, podrán seguir siendo construidas y elevadas desde cada territorio.

Del otro lado, el Frente Renovador reunió en la Facultad de Derecho de la UBA a más de mil jóvenes de todo el país. Hubo paneles sobre Argentina bicontinental, gestión municipal, política legislativa, comunicación política y redes, seguridad, economía e historia del movimiento peronista. Pero el momento político estuvo después, cuando Sergio Massa compartió una ronda de mates con los participantes.

Se terminó la etapa de los dirigentes: definen las PASO

Sergio Massa volvió así a ocupar un lugar visible en la escena pública después de un período de menor exposición. Según relató el diputado Alexis Guerrera en una entrevista previa con este medio, el tigrense nunca dejó de trabajar en la construcción política del peronismo y, según su análisis, hizo bien en dejarle un tiempo al electorado para reflexionar luego de que se cumplieran todas las advertencias que había hecho en campaña.

El líder del FR escuchó las inquietudes de los jóvenes y los problemas que atraviesan en sus provincias durante la jornada del sábado en la Facultad de Derecho de la UBA. Según señalaron desde el propio espacio, el intercambio también permitió discutir el presente del país, el futuro del peronismo y el lugar que deben ocupar las nuevas generaciones en esa construcción.

“Seguimos escuchando a los más chicos, que son unos grandes”, posteó Malena Galmarini en sus redes sociales con fotos de Sergio Tomás hablando con los adolescentes. Y con una alusión que recuerda a una clásica consigna de La Cámpora: “El amor vence al odio”; la compañera de Massa expresó: “El Frente Renovador se organiza. Porque LA ORGANIZACIÓN VENCE AL TIEMPO”.

Aunque el dato político del encuentro quedó plasmado en un mensaje que dejó Sergio Massa de cara al 2027: “Llegó la hora de tomar el bastón de mariscal y de hacerse protagonistas”. Y marcó el nuevo rumbo: “No se trata de seguir a un dirigente, esa etapa se terminó. Llegó el momento de armar algo en conjunto”.

La frase dialoga con otra definición en la que insisten algunos sectores del peronismo: la candidatura no debería surgir de un acuerdo cerrado entre las cúpulas ni de una negociación secreta.

Alexis Guerrera fue todavía más explícito. Consultado sobre el mecanismo para resolver las candidaturas, sostuvo que quien represente al Movimiento Nacional y Popular debe estar “validado por el voto popular” y que, incluso Cristina Kirchner debería competir en una PASO si pudiera ser candidata.

“No puede salir un candidato del peronismo por un acuerdo de cúpulas y mucho menos por la exclusividad de una lapicera”, había planteado Guerrera. Y citó a Perón: “Como dijo el General: el que gana conduce y el que pierde acompaña, sea Cristina, Kicillof o Massa”.

En esa misma línea se expresó Carli Bianco durante la conferencia de prensa de este lunes. El ministro bonaerense sostuvo que las PASO son el instrumento vigente para tener “un candidato unificado del campo popular” y que justamente por eso Milei busca eliminarlas. Y citó a Jauretche: “Para consejero que mejor que el enemigo”.

No es un dato menor. Después de la cumbre entre Kicillof, Massa y Máximo Kirchner, las PASO aparecieron como uno de los mecanismos posibles para ordenar una interna que todavía no tiene nombres definidos. Lo que dejaron los encuentros de este sábado es una reafirmación de esa idea: si hay que resolver diferencias, que sea compitiendo y que sea el voto el que valide la candidatura.

Las sospechas de la interna peronista

“No me interesa una construcción a control remoto” fue una de las frases más elegidas del discurso de Kicillof en Avellaneda. El recorte invitó rápidamente a sospechar que el control remoto era el de Cristina Kirchner comandando los movimientos desde San José 1111. Incluso aparecieron interpretaciones que leyeron la frase como una alusión a la situación de la expresidenta, actualmente bajo arresto domiciliario.

Pero, ¿cómo arrancó realmente esa parte del discurso?

“Una alternativa nacional no se construye desde una oficina”, comenzó Kicillof, después de ponderar la participación y el carácter federal del encuentro. Y continuó: “Nos mueve una convicción. No puede haber una solución provincial para una tragedia que es nacional, por eso no me interesa una construcción a control remoto, tenemos que escuchar, tenemos que sumar, tenemos que organizarnos en todos los rincones de la República Argentina”.

Leída en contexto, la frase también admite otra interpretación posible: el “control remoto” puede referirse a una construcción nacional que no se haga desde una oficina en La Plata, sino recorriendo las provincias, escuchando a sus dirigentes y construyendo desde cada territorio.

Pero la interna estaba ahí, aunque nadie la nombrara. Porque, después de hablar de la participación y de la construcción federal, Kicillof respondió por primera vez de manera pública a una de las discusiones que vienen atravesando al peronismo: “Después de tanta sospecha, era más simple: las nuevas canciones se componen colectivamente, y se componen de abajo hacia arriba, compañeros”.

La referencia no era nueva. Las sospechas sobre qué significa para Kicillof “construir algo nuevo” vienen de 2023, cuando el Gobernador compartió una charla con Juan Grabois y Ofelia Fernández en la Facultad de Psicología de la UNLP, después de las PASO de aquel año. Allí, en medio de su análisis sobre la derrota electoral del peronismo y la aparición de un electorado joven que no había vivido la etapa kirchnerista de la misma manera que las generaciones anteriores, Kicillof había planteado la necesidad de construir una propuesta nueva.

“No vamos a entusiasmar a nadie con una propuesta nostálgica”, dijo entonces. Y explicó: “Un chico que votó por primera vez, tenía 10 años cuando asumió Macri. Tenemos que ir dándole un carácter generacional y de época nueva”. La metáfora apareció enseguida: “Tiene un tufillo a esas bandas de rock que tocan los viejos grandes éxitos, uno se las sabe, pero bueno, va a haber que componer muchachos, va a haber que componer una nueva”.

¿Kicillof estaba convocando a componer nuevas canciones o a formar una banda nueva? El cristinismo leyó entre líneas la segunda opción. A las pocas semanas de ese suceso, también en La Plata, Máximo Kirchner encabezó un acto en el que La Cámpora respondió a la inquietud del Gobernador, justamente con un cántico nuevo que rápidamente mutó en clásico: “Si querés otra canción, te presto la mía”.

Este 19 de septiembre, casi como cerrando un círculo, Kicillof volvió sobre aquella metáfora: “Quiero decir para que se entienda bien. Después de tanta sospecha, era más simple, las nuevas canciones se componen colectivamente”. Y retomó también el concepto de la nostalgia: “No puede estar basada ni en el odio ni en la nostalgia: tiene que ser capaz de volver a despertar expectativas”.

La aclaración llegó después, en otro tramo del discurso. Construir algo nuevo, explicó Kicillof, no significa renegar de la identidad del espacio: “No vamos a permitir que borren nuestra historia: el pueblo argentino vivía mucho mejor con Néstor y Cristina, y es por eso que Cristina está injustamente presa”.

Y cerró esa idea apelando a una responsabilidad histórica: “Tenemos raíces y, justamente por ello, tenemos la obligación de construir algo que esté a la altura de los nuevos tiempos: no se construye contra nadie del campo popular, se construye para el pueblo y sus necesidades”.

“Una nueva mayoría no va a surgir por arte de magia ni de una negociación secreta entre dirigentes: será desde abajo, a la luz del día y de cara a la sociedad”, analizó Kicillof en Avellaneda. Así, detrás de la discusión por el “control remoto” apareció otra definición: construir algo nuevo no necesariamente implica construir contra lo anterior. La discusión quizás no pasa por quiénes componen las nuevas canciones, sino por el repertorio.

Ni la lapicera ni el control remoto

Los dos encuentros tuvieron estilos muy diferentes. El MDF hizo una demostración de volumen, estructura y despliegue territorial. El Frente Renovador eligió un formato más chico, con las juventudes como protagonistas y Massa escuchando y conversando en una ronda de mates. Pero debajo de esas diferencias apareció una coincidencia política.

Massa habló de una etapa en la que ya no se trata de “seguir a un dirigente” sino de “construir colectivamente”. Kicillof habló de nuevas canciones compuestas “de abajo hacia arriba”. Guerrera planteó que las candidaturas no pueden definirse por “la exclusividad de una lapicera”. Bianco defendió las PASO como mecanismo para llegar a una candidatura unificada.

Nadie terminó de anunciar formalmente una candidatura. De hecho, Bianco se ocupó de aclarar que el acto de Avellaneda no había sido un lanzamiento explícito, al tiempo que sostuvo que había que leer lo que dijo Kicillof justamente como lo que dijo: “Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa que nos deje terminar con este modelo y nos permita empezar con una etapa distinta”.

Pero quizás el dato político del sábado no estuvo en las candidaturas, sino en las reglas que empiezan a discutirse para definirlas. Desde abajo. De manera federal. Colectivamente. Con una PASO como mecanismo posible y con el voto popular como instancia de validación. Sin dedazos y sin lapicera, se terminó la etapa de seguir a un dirigente; y sin control remoto, entendiendo que la construcción federal se hace recorriendo las provincias y no desde una oficina en Buenos Aires.