El desmantelamiento de un puesto gastronómico del Parque Saavedra y el retiro de instalaciones en el Bosque reabren la discusión sobre el destino de los trabajadores que desarrollan su actividad en espacios públicos. Mientras el Municipio anuncia reubicaciones y promueve grandes inversiones comerciales, el antecedente de las manteras de Plaza San Martín plantea una pregunta: ¿qué pasa con quienes quedan afuera?
Por Baiana Accinelli · 26 de octubre de 2026
Carrito de comida desmantelado y abandonado en el Paseo del Bosque de La Plata durante el operativo municipal de remoción de estructuras.

La Plata se transforma. Los parques se ponen en valor, avanzan nuevos desarrollos comerciales y la gastronomía gana protagonismo en la agenda turística. Sin embargo, en medio de esos cambios, trabajadores que llevan décadas sosteniendo pequeños emprendimientos en espacios emblemáticos de la ciudad se enfrentan a la posibilidad de perder sus lugares de trabajo.

El desmantelamiento de un histórico puesto de comidas del Parque Saavedra y el retiro de puestos gastronómicos en el Paseo del Bosque volvieron a poner sobre la mesa una discusión que excede las obras y el ordenamiento urbano: ¿quiénes tienen lugar en la ciudad que se proyecta y qué sucede con quienes construyeron su sustento en los espacios que hoy se busca transformar?

Los episodios no son idénticos y cada uno tiene sus propias condiciones administrativas. Pero, en conjunto, abren interrogantes sobre el futuro de la economía popular, las políticas de reubicación y la posibilidad de que la renovación urbana termine dejando atrás a trabajadores históricos.

Parque Saavedra: casi 30 años detrás de un puesto

El sábado 24 de octubre, la Municipalidad de La Plata avanzó con el desmantelamiento de un puesto gastronómico ubicado en el Parque Saavedra, sobre la calle 14 entre 64 y 66, frente al Hospital de Niños. Allí trabajaba Silvia Inés Bracamonte desde hacía casi tres décadas. Según informó La Noticia 1, la comerciante sostuvo que el puesto constituía su principal fuente de ingresos y cuestionó que se retirara la estructura mientras continuaba un conflicto judicial.

Sus abogados señalaron que existía una acción de amparo en trámite y que habían solicitado una prórroga de la medida cautelar que impedía avanzar sobre las instalaciones. Desde el Municipio, en cambio, indicaron que la cautelar había vencido y que la concesión estaba caducada. Bracamonte reclamó explicaciones a las autoridades y advirtió que estaba dispuesta a encadenarse para visibilizar su situación. El episodio se produjo en el marco de la remodelación integral del parque, cerrado desde 2025 y sujeto a una serie de intervenciones sobre sus caminos, veredas y espacios verdes.

La Comuna sostuvo que se trabaja en la reorganización del espacio público y que se buscarán alternativas para los afectados. Sin embargo, el caso vuelve visible una dimensión que no siempre ocupa el centro de los proyectos urbanos: detrás de una estructura retirada puede haber años de trabajo, una clientela construida y una familia cuyo ingreso depende de esa actividad.

El Bosque y la incertidumbre de los puestos tradicionales

Una situación similar se plantea en el Paseo del Bosque, donde durante octubre comenzaron los operativos para retirar parrillas, juegos deteriorados y puestos gastronómicos que, según el Municipio, funcionan sin las autorizaciones correspondientes.

La medida forma parte de un plan de puesta en valor del espacio verde. No obstante, generó preocupación entre comerciantes y vecinos por las consecuencias laborales de los retiros. Medios locales señalaron que algunos de los trabajadores afectados llevan alrededor de 26 años desarrollando su actividad en el lugar.

La Municipalidad sostiene que los puestos serán reubicados. A algunos trabajadores se les comunicó la posibilidad de incorporarse a un futuro punto gastronómico que se instalaría en el mismo sector. Las condiciones concretas de esa alternativa y el alcance de la reubicación son aspectos centrales para conocer cómo continuará la actividad.

En este contexto también surgió preocupación por el futuro del tradicional Museito del Bosque. Para determinar qué ocurrirá con ese espacio en particular, es necesario precisar si existe una decisión formal sobre su retiro y cuáles serían las alternativas para quienes lo sostienen.

El anuncio de una reubicación puede representar una salida para quienes pierden su lugar, pero abre otras preguntas: ¿cuántos trabajadores podrán acceder a los nuevos espacios?, ¿bajo qué condiciones?, ¿qué ocurrirá con quienes no cumplan los requisitos o queden fuera de la propuesta?

La respuesta es importante porque cambiar de ubicación no siempre significa conservar las mismas posibilidades de trabajo. La circulación de personas, la visibilidad del puesto, los costos y la clientela son factores que pueden modificarse cuando una actividad debe trasladarse.

El antecedente de las manteras: una reubicación con distintas realidades

La discusión remite a lo ocurrido con las manteras y los vendedores ambulantes que trabajaban en Plaza San Martín, en el centro platense. Tras el retiro de sus puestos, algunas trabajadoras lograron incorporarse al playón comercial de Meridiano V. Otras, en cambio, quedaron fuera de ese espacio y debieron buscar nuevas formas de sostener sus ingresos.

Entre las alternativas que encontraron están la venta a través de grupos de Facebook, la coordinación de puntos de encuentro y las entregas presenciales. En lugar de contar con una ubicación fija y visible, pasaron a depender de otras dinámicas para llegar a sus clientes.

Esa experiencia, relatada a este medio por trabajadoras vinculadas a la actividad, plantea una diferencia importante entre una reubicación anunciada y una solución efectiva para el conjunto de las personas afectadas. Quienes no consiguen ingresar a un espacio comercial deben reconstruir sus circuitos de venta, adaptarse a nuevas herramientas y afrontar la incertidumbre de no contar con un lugar estable.

El antecedente no significa que la situación de las manteras sea idéntica a la de los puestos gastronómicos. Sí permite formular una pregunta que atraviesa ambos casos: ¿qué ocurre con quienes quedan fuera de las alternativas de reubicación?

El ordenamiento de la vía pública puede perseguir objetivos vinculados con la circulación, la seguridad y el uso de los espacios comunes. Pero sus consecuencias sociales también dependen de cómo se implementa, de la participación de los trabajadores y de la existencia de opciones concretas para continuar con la actividad.

Cuando una política contempla solamente a quienes logran incorporarse a un nuevo espacio, las personas que quedan afuera corren el riesgo de convertirse en un problema individual, aun cuando el cambio que las afectó haya sido parte de una decisión pública.

Mientras tanto, avanzan los grandes proyectos comerciales

La discusión adquiere otra dimensión frente a la llegada de inversonistas que buscan ampliar la oferta comercial, gastronómica y turística de La Plata. En octubre, el intendente Julio Alak recorrió las obras de Distrito Diagonal, el centro comercial que el Grupo IRSA construye en Gonnet, en el sector delimitado por Camino General Belgrano, avenida 19 y las calles 511 y 514.

De acuerdo con la información difundida durante la recorrida, el proyecto había alcanzado aproximadamente el 55% de avance y contempla una primera etapa con más de 100 locales comerciales. La inversión estimada ronda los 200 millones de dólares y la iniciativa también incluye propuestas gastronómicas y de entretenimiento, con otros desarrollos previstos para etapas posteriores.

La gestión municipal destacó el impacto esperado del emprendimiento en materia de inversión, desarrollo urbano y generación de empleo. Se trata de un proyecto de gran escala que apunta a consolidar un nuevo polo comercial y de servicios en la zona norte del partido. A su vez, la promoción de nuevos espacios gastronómicos y las concesiones en áreas públicas forman parte de las iniciativas orientadas a fortalecer la oferta turística y recreativa de la ciudad.

No existe una contradicción automática entre impulsar o acompañar grandes inversiones y reorganizar puestos que no cuentan con las autorizaciones correspondientes. Tampoco puede afirmarse, solo a partir de la coincidencia temporal, que los proyectos comerciales sean la causa del retiro de los puestos históricos.

Sin embargo, la comparación permite plantear una discusión sobre las oportunidades económicas que se abren y las que se cierran durante la transformación de la ciudad. Mientras los grandes desarrollos avanzan con inversiones millonarias y proyecciones de empleo, pequeños comerciantes y trabajadores de la economía popular necesitan conocer qué alternativas reales tendrán para continuar trabajando.

¿Los nuevos espacios serán accesibles para quienes hoy sostienen puestos de menor escala? ¿Qué requisitos y costos deberán afrontar? ¿Habrá mecanismos para que los trabajadores históricos puedan participar de los proyectos gastronómicos que se impulsen en los lugares donde desarrollaban su actividad?

Son preguntas que permiten evaluar una política urbana no solo por la infraestructura que incorpora, sino también por la distribución de sus oportunidades y sus costos sociales.

Gentrificación: quiénes pueden permanecer en la ciudad que cambia

La gentrificación suele describir procesos de transformación urbana en los que el aumento del valor de un área y el cambio en sus usos pueden desplazar a residentes, comercios y actividades preexistentes. En el espacio público, la discusión también puede abarcar la jerarquización de determinados usos, la orientación hacia el consumo y las dificultades que enfrentan quienes no cuentan con recursos suficientes para adaptarse a las nuevas condiciones.

Un estudio académico de la Universidad Nacional de La Plata publicado en 2026 analizó las transformaciones de un tramo de la avenida 51, entre las calles 4 y 6, durante el período 2018-2025. La investigación identificó indicios de gentrificación simbólica y una jerarquización de los usos del espacio vinculada con la oferta cultural y gastronómica y con las formas de habitar ese sector. El trabajo no estudia específicamente los puestos de Saavedra o del Bosque, por lo que no permite afirmar que esos casos sean, por sí mismos, pruebas de gentrificación.

La perspectiva, sin embargo, ofrece una herramienta para analizar las transformaciones urbanas: no alcanza con observar cómo se renueva un espacio o qué actividades se incorporan. También es necesario preguntarse cuáles se promueven, cuáles se restringen y qué sectores sociales pueden permanecer en él. En La Plata, los casos de los puestos gastronómicos y de las manteras invitan a observar esa tensión. Si la recuperación de un parque o la reorganización de una plaza modifican las condiciones para desarrollar una actividad, resulta necesario evaluar qué alternativas existen para quienes dependen de ella.

Hablar de gentrificación, en este contexto, no supone dar por probado que todas las intervenciones urbanas respondan a una misma lógica. Implica examinar si los cambios en los usos del espacio terminan favoreciendo a determinados actores y dificultando la permanencia de otros.

El desafío de una ciudad que no deje trabajadores afuera

La discusión no se limita a elegir entre conservar los puestos tal como estaban o retirarlos. También involucra las condiciones en que se toman las decisiones, la información que reciben los trabajadores y las posibilidades de sostener sus ingresos después de una intervención.

Una política de reubicación necesita precisiones: cuántas personas serán incorporadas, qué espacios estarán disponibles, cuáles serán los requisitos, si habrá costos de instalación y funcionamiento y qué alternativas existirán para quienes no accedan a los lugares previstos.

También importa el tiempo. Para un trabajador que depende de las ventas cotidianas, pasar semanas o meses sin una ubicación estable puede tener consecuencias económicas inmediatas. Y una alternativa que existe en los papeles no necesariamente garantiza que pueda sostenerse la actividad en condiciones similares a las anteriores.

El antecedente de las manteras muestra que las respuestas pueden ser diferentes incluso dentro de un mismo proceso: algunas personas consiguen un lugar y otras deben reconstruir sus circuitos comerciales por cuenta propia. Por eso, la promesa de reubicación debe analizarse a partir de sus resultados concretos, no solamente de su anuncio.

La Plata necesita espacios públicos cuidados, infraestructura adecuada, propuestas turísticas y actividades comerciales que se desarrollen dentro de reglas claras. También necesita que las decisiones sobre esos espacios contemplen las realidades de quienes trabajan en ellos. La recuperación del patrimonio urbano y la promoción de nuevas inversiones pueden convivir con políticas que acompañen a los pequeños comerciantes y a los trabajadores de la economía popular. Pero esa convivencia requiere planificación, diálogo y alternativas concretas para quienes deben modificar sus condiciones de trabajo.

Entre el shopping de Gonnet, los puestos gastronómicos del Bosque, el caso del Parque Saavedra y las experiencias de las manteras de Plaza San Martín aparece una discusión que merece atención: cómo se distribuyen las oportunidades en una ciudad que cambia. Renovar un espacio público no significa solamente modificar su aspecto o reorganizar sus actividades. También supone decidir qué trabajos se reconocen, qué historias se preservan y qué posibilidades tienen quienes ya forman parte de ese paisaje cotidiano.

La pregunta, entonces, no es solamente cómo será la nueva La Plata. Es quiénes podrán seguir trabajando y viviendo de ella cuando esa transformación avance.