Familias, jóvenes y representantes de distintas colectividades se reunieron en la explanada del puerto para participar del tradicional desembarco simbólico, en el marco de la 49° Fiesta Provincial del Inmigrante. Entre trajes típicos, música, comidas y fotografías de antepasados, la ciudad volvió a encontrarse con las historias de quienes llegaron a estas tierras en busca de una nueva vida.
Por Baiana Accinelli · 14 de septiembre de 2026

En la explanada del puerto, la espera se hizo multitud. Ante la llegada del barco, familias, vecinos y visitantes se reunieron para ser parte de una escena que Berisso repite cada año y que, sin embargo, nunca parece ser exactamente la misma.

Entre la gente, una postal llamaba especialmente la atención: los trajes típicos. Colores, bordados, faldas, sombreros y accesorios que hablaban de distintas geografías se multiplicaban entre quienes esperaban el desembarco. Y había algo todavía más significativo: muchos de esos trajes eran llevados por niños, adolescentes y jóvenes.

La imagen decía, sin necesidad de palabras, que la memoria también puede heredarse a través de una danza, una vestimenta, una canción o una receta. Que las historias de quienes alguna vez llegaron a Berisso no quedaron detenidas en el pasado.

Mientras tanto, a pocos metros, el patio gastronómico sumaba otro lenguaje a la celebración. Allí las distintas comunidades cuentan parte de su historia sin necesidad de palabras. El perfume de un curry se mezclaba con el de los pasteles portugueses, los anticuchos peruanos, las cervezas irlandesas.

Cada puesto aporta una receta, una tradición, una memoria. Y todos esos aromas, provenientes de lugares diferentes, terminan conviviendo en un mismo espacio. La experiencia de la Fiesta Provincial del Inmigrante es multicultural pero también multisensorial.

Fuente: Instagram del Municipio de Berisso

Cuando finalmente llegó el barco, quienes representaban a aquellos inmigrantes comenzaron a bajar con sus maletas. En algunos casos, también llevaban fotografías de sus antepasados. Rostros que habían atravesado décadas para volver, simbólicamente, al mismo puerto.

Y ahí la recreación histórica se convirtió en algo mucho más íntimo. Porque para quienes participan, no se trata solamente de representar a un inmigrante: se trata de volver a encontrarse con una parte de la propia historia.

La escena tiene algo de paradoja. Las prendas representan historias que comenzaron muchas décadas atrás, pero son llevadas por generaciones que nacieron en Berisso y que eligieron continuar con esa tradición.

La fiesta, entonces, no parece mirar solamente hacia atrás. También mira hacia adelante.

Volver a llegar: una representación que cada año está más viva

Fuente: Instagram del Municipio de Berisso

Cuando el barco finalmente aparece, la recreación comienza.

Quienes representan a los inmigrantes bajan con sus maletas. Algunos llevan fotografías de sus antepasados. Son rostros que pertenecieron a otras épocas y que, por unos minutos, vuelven a mirar desde el puerto de Berisso.

La escena es una recreación, pero la emoción no lo es.

Porque detrás de cada persona que baja hay una historia familiar. Una partida. Una llegada. Una búsqueda. La necesidad de encontrar trabajo, de construir una nueva vida, de dejar atrás una tierra conocida para empezar de nuevo.

“Es una fiesta que hace 49 años que se viene haciendo. Nosotros la cuidamos mucho, esta fiesta tiene que ver con nuestros orígenes, con nuestra historia”, sostiene el intendente de Berisso, Fabián Cagliardi, en diálogo con El Palco.

El jefe comunal explica que el desembarco permite recrear simbólicamente cómo llegaban aquellos inmigrantes al puerto de la ciudad: “Simulamos cómo llegaban nuestros inmigrantes en un barco y bueno, iban entrando acá al puerto y todo”.

Fuente: Instagram del Municipio de Berisso

Y enseguida aparece una de las claves de la historia de Berisso.

“Muchos inmigrantes llegaron buscando trabajo, buscando una nueva vida y Berisso se las dio”, resume Cagliardi.

La voz de los jóvenes de las comunidades: Pedro y Macarena

Para entender por qué la fiesta continúa teniendo semejante fuerza casi medio siglo después, alcanza con mirar a quienes participan.

Macarena Alves y Pedro Nez Simóe representan a la colectividad portuguesa. Para ambos, estar allí significa mucho más que formar parte de una celebración.

Macarena habla de sus bisabuelos y de sus raíces paternas. Cuenta que su bisabuelo llegó desde la región del Alentejo, en Portugal, en 1914.

Para Pedro, la historia tiene otro capítulo y una protagonista muy cercana: su madre.

“Para mí es un gran orgullo representar a mi mamá, que con tan solo 17 años vino de Brasil y también representar mi historia”, cuenta.

Durante mucho tiempo, dice, no conoció en profundidad el recorrido de su familia. Fue a través de la investigación que pudo reconstruirlo: descubrió que sus tatarabuelos habían emigrado a Brasil y que su mamá había llegado después a la Argentina, con apenas 17 años, la misma edad que él tiene actualmente.

“Mi mamá emigró a Argentina dejando su tierra, dos hijos, escapando de un matrimonio arreglado”, relata, y añade: “Este es un país de gente bondadosa y muy acogedora”.

Macarena cuenta que una de sus partes favoritas de formar parte de estas celebraciones es bailar en el escenario y representar la música típica de Portugal. Pero este año tuvo una experiencia nueva: “Es la primera vez que participo del desembarco, así que la emoción es mucho más grande. Me gustó mucho”.

Pedro, por su parte, destaca otra dimensión de la celebración: el encuentro con los demás.

“Mi parte favorita es socializar con la gente que está en este ámbito de colectividades. Me gusta mucho hacer amigos y aprender otras actividades y hoy representar mis raíces”, cuenta.

La tradición tampoco termina cuando se apagan las luces de la fiesta.

Macarena explica que la colectividad portuguesa participa durante el año en distintas actividades y encuentros, llevando sus danzas a diferentes localidades, entre ellas Brandsen, Villa Tesei y Bahía Blanca.

Y cuando se les pregunta qué mensaje les dejarían a las nuevas generaciones, la respuesta vuelve a encontrarse en la identidad, pero también en la convivencia.

“Independientemente de que cada uno representa a diferentes colectividades, todos somos hermanos, todos somos comunidad”, dice Macarena.

Y agrega: “No se tiene que morir esta tradición de los bailes, de las comidas típicas, esto tiene que seguir prosperando para seguir representando nuestras raíces”.

Pedro lo sintetiza todavía más con un mensaje para las próximas generaciones de descendientes de inmigrantes: “Nunca olviden de dónde vienen, la historia de sus abuelos, padres o tatarabuelos, porque es algo muy lindo. Y nunca dejen de bailar”.

Una fiesta que es identidad: la historia de Tatiana

Tatiana Marena representa a la comunidad ucraniana. También para ella la Fiesta del Inmigrante es parte de su propia historia.

“Es muy lindo participar, porque formo parte de la colectividad ucraniana desde chiquitita y vivo las fiestas de inmigrantes desde bebé”, cuenta.

Cuando habla de los recuerdos que conserva, aparece una escena que conecta directamente con los niños y jóvenes que hoy ocupan la explanada del puerto.

“En mi primer desfile tenía un año”, recuerda.

Desde entonces, la fiesta estuvo atravesada por su familia y sus amigos. Pero hay una memoria que ella elije de manera representativa: “Creo que el recuerdo más lindo va a ser siempre bailando las danzas de mi familia, de mis países, representando mi historia arriba del escenario”.

Por eso Tatiana sabe lo que significa crecer dentro de una colectividad.

Y también sabe lo que significa ver llegar a las nuevas generaciones.

“En la carpa, cuando se presentan los ballet infantiles, vemos que cada vez hay más niños y niñas que se animan a participar de la fiesta, a vivir la experiencia junto con su familia”, señala emocionada.

Son chicos que, como alguna vez lo hizo ella, empiezan a construir sus propios recuerdos dentro de la celebración.

“Siguen representando a sus abuelos, a sus padres”, dice. Y agrega: “Es hermoso que las colectividades vayan creciendo y que en la fiesta también los jóvenes se vayan animando a participar”.

Berisso: una ciudad de muchas patrias

En el puerto, las historias terminan encontrándose.

Las colectividades tienen diferentes idiomas, músicas, comidas y tradiciones. Pero hay algo que las une: la decisión de conservar aquello que heredaron y, al mismo tiempo, compartirlo con los demás.

Cagliardi destaca el trabajo de las instituciones que sostienen la fiesta y la participación de quienes crecen dentro de ellas desde pequeños. Son 25 instituciones que, según explica, permiten que las tradiciones continúen pasando de una generación a otra.

Tatiana habla de una “Berisso multicultural”, una ciudad que recibió inmigrantes hace décadas y que, según destaca, continúa recibiendo a personas de otros países y de nuevas generaciones.

“Así como recibimos hace muchos años inmigrantes, ahora recibimos a la nueva inmigración de otros países, de otras generaciones”, sostiene.

Y pone el foco en la continuidad de ese proceso: “Siguen llegando jóvenes de todas las edades, además de gente grande”.

“Me parece hermoso todo el trabajo que hace Berisso como ciudad, seguir recibiendo, acompañando y hacer que Berisso siga creciendo”, concluye.

Quizás por eso, durante el desembarco simbólico, la sensación es difícil de explicar solamente con palabras.

Porque mientras los barcos llegan, las maletas bajan y las fotografías de los antepasados vuelven a aparecer entre la gente, el pasado deja de ser algo lejano.

Está en los trajes de los chicos. En las danzas de los jóvenes.

En la receta que pasa de una generación a otra. En el aroma de una comida que recuerda a una tierra que quizás muchos nunca conocieron, pero que los abuelos y abuelas servían un domingo.

En la fotografía que alguien sostiene entre las manos. En la historia de una madre que llegó con 17 años y de un hijo que con la misma edad muestra con orgullo su valentía.

En el recuerdo de una niña que tuvo su primer desfile cuando apenas tenía un año y hoy enarbola la bandera de la comunidad como parte de su ADN.

Y entonces la fiesta deja de ser solamente una celebración del pasado: es una forma de decir que esas historias todavía están vivas.

Porque en el puerto de Berisso, entre tantas patrias reunidas en un mismo lugar, todos parecen encontrar la historia de algún ser querido flotando en el aire.