El proyecto que unificó las iniciativas fue aprobado este martes en el Senado y volvió a Diputados. En diálogo con EL PALCO, la senadora y docente explicó por qué la escuela necesita herramientas para prevenir la violencia digital y cómo la propuesta se articula con leyes y programas que ya forman parte del sistema educativo.
Por El Palco Redacción · 6 de octubre de 2026
Laura Clark durante la aprobación de la Ley Ema en el Senado bonaerense

La Ley Ema llega al recinto del Senado bonaerense después de haber atravesado una instancia que terminó de ordenar los distintos aportes que habían llegado al Parlamento provincial. El jueves pasado, las comisiones de Educación y Legislación General aprobaron por unanimidad el texto unificado que reúne el proyecto que había obtenido media sanción en Diputados, impulsado por Mayra Mendoza, y la iniciativa presentada en el Senado por la senadora Laura Clark.

El antecedente de la Cámara baja y el dictamen unánime del Senado muestran un amplio consenso entre los bloques alrededor de una iniciativa que busca establecer un Programa Provincial de Prevención y Abordaje Integral de la Violencia Digital en los Ámbitos Educativos. Entre quienes acompañaron el dictamen en comisión estuvieron representantes de La Libertad Avanza, además de legisladores de Fuerza Patria, Hechos y PRO.

Si el Senado sanciona el texto, la iniciativa deberá regresar a Diputados para completar su recorrido legislativo, dado que el proyecto que llegó de esa Cámara fue modificado al incorporar los aportes de la iniciativa de Clark.

Pero detrás de ese recorrido parlamentario hay una discusión que va más allá de la técnica legislativa: cómo hacer que la escuela pueda intervenir frente a una forma de violencia que se desarrolla en un territorio que cambió a una velocidad mucho mayor que las propias instituciones.

Y ahí aparece la mirada de Clark, presidenta de la Comisión de Educación, pero también docente y exdirectora de una escuela primaria de doble jornada de Pergamino.

“No se sacó nada a ninguno: se unieron”

La senadora explica que los dos proyectos partían de abordajes diferentes pero complementarios. El texto que llegó de Diputados proponía modificar la Ley de Educación, mientras que su iniciativa establecía un programa específico para la prevención y el abordaje de la violencia digital de género en los ámbitos educativos.

A pedido de la familia de Ema, y particularmente de su mamá, Laura Sánchez, el objetivo fue que ambas dimensiones pudieran quedar contenidas en una misma ley. “No se sacó nada a ninguno, se unieron”, resume Clark en diálogo con EL PALCO.

La integración permite, según explica, contar con una norma que no se limite a establecer un principio general sino que incorpore herramientas concretas para que las comunidades educativas puedan trabajar sobre la prevención, la capacitación y el abordaje de situaciones de violencia digital.

El proyecto apunta además a que ese trabajo pueda apoyarse en herramientas que ya existen dentro del sistema educativo. Clark señala que la propuesta toma como referencia marcos como la Educación Sexual Integral (ESI) y otros instrumentos educativos, y plantea que la prevención pueda incorporarse a contenidos, capacitaciones y acuerdos de convivencia.

La lógica, insiste, no es sumar una estructura paralela a la escuela sino articular recursos existentes para poder actuar frente a una problemática que ya está presente.

Una docente frente a un territorio que cambió

Clark dejó la dirección de una escuela primaria de doble jornada en Pergamino en 2019. Cuando se le pregunta si por entonces ya se advertía la dimensión del problema que hoy busca abordar la Ley Ema, establece una diferencia entre aquella etapa y la que llegó después.

“Lo digital llegó de una manera vertiginosa, nos encontró desarmados”.

En aquellos años, recuerda, la preocupación estaba todavía concentrada en garantizar el acceso a la digitalidad y en incorporar progresivamente contenidos vinculados con las nuevas tecnologías. El uso permanente de teléfonos y redes y su impacto en los vínculos entre chicos y chicas todavía no había adquirido la dimensión que tendría después. La pandemia aceleró ese proceso.

“Ahora estamos en este otro proceso de aprender, de informarnos, de prevenir, de estar a la altura y con la utopía de estar adelante de las cuestiones y no atrás una vez que sucede”.

Esa idea de llegar antes atraviesa buena parte de su explicación sobre la Ley Ema. No se trata solamente de saber qué hacer cuando una situación de violencia digital ya ocurrió, sino de generar conocimientos y herramientas que permitan reconocer los riesgos previamente.

La Ley Ema y la ESI: herramientas que se integran

Para Clark, una de las claves está justamente en evitar pensar cada problemática como una nueva obligación que cae sobre una escuela que ya tiene múltiples demandas. Por eso establece un paralelo con la ESI.

“La ESI no es algo que vino a incomodarnos o quizás sí, agregarnos trabajo, sino que vino a darnos respuestas, instrumentos, herramientas, información ante algo que sucede”.

Menciona situaciones como embarazos adolescentes, violencias o abusos sexuales intrafamiliares y señala que la incorporación de esos contenidos permitió que muchos chicos y chicas pudieran reconocer situaciones, hablar de ellas y encontrar en la escuela un espacio de escucha.

“Con Ley Ema es lo mismo: ayudar a que lo que sucede se transite en la comunidad educativa con los mejores instrumentos, con las mejores herramientas, con los mejores abordajes y los conceptos”.

La propuesta se complementa además con la Guía Ema, que aporta estrategias concretas para actuar frente a situaciones de violencia digital dentro del ámbito educativo. En ese sentido, el programa busca apoyarse en instrumentos que ya existen y sumar la perspectiva específica de la ciudadanía digital y la prevención de las violencias que se producen en ese territorio.

La experiencia que Clark recupera de las escuelas muestra, además, que esa apropiación no necesariamente tiene que ser vertical. Cuenta que, a partir del trabajo con la Guía Ema, estudiantes comenzaron a proponer sus propios acuerdos de convivencia digital, con criterios construidos colectivamente sobre qué pueden y qué no pueden hacer entre ellos con sus teléfonos y redes.

En algunas escuelas incluso llegaron a elaborar códigos accesibles mediante códigos QR para que los estudiantes pudieran consultar esas pautas cuando necesitaran información o atravesaran alguna situación.

“Un click puede definir la vida”

La dimensión que busca abordar la Ley Ema queda expuesta en una de las definiciones más contundentes de la entrevista. “No es lo mismo pensar que lo que sucede en internet queda ahí y no va a tener un impacto en la vida real”, advierte Clark y enumera las consecuencias que puede producir una situación de violencia digital: aislamiento, vergüenza, padecimiento, abandono de la escuela.

“Un click puede definir la vida, el sufrimiento, el padecimiento de una niña”.

La frase permite recuperar el punto de partida de la Ley Ema: una situación de violencia digital que no puede ser considerada simplemente como algo que ocurre “en internet”, porque sus consecuencias se proyectan sobre la vida cotidiana, los vínculos y la trayectoria educativa.

En ese sentido, la iniciativa provincial se inscribe en un proceso más amplio de reconocimiento de las violencias que se producen en los entornos digitales. Como ya contó EL PALCO a partir de la entrevista con Mónica Macha, la discusión también alcanzó al Congreso nacional con la denominada Ley Olimpia y la incorporación de la violencia digital de género a la legislación nacional sobre violencia contra las mujeres.

La construcción de esas herramientas, para Clark, forma parte de un mismo proceso: nombrar una problemática, generar conciencia y convertir ese reconocimiento en instrumentos concretos.

La escuela como pausa y como espacio de ciudadanía digital

La discusión sobre la violencia digital lleva a Clark hacia una cuestión más amplia: qué lugar debe ocupar la escuela en una sociedad atravesada permanentemente por las pantallas. La senadora sostiene que no se trata de negar el mundo digital. Por el contrario, los chicos y chicas van a habitarlo y necesitan aprender a hacerlo con herramientas críticas. Pero la escuela también puede ofrecer algo que las plataformas no ofrecen: una pausa.

“Que la escuela sea la pausa, la desconexión”.

Para Clark, la ciudadanía digital también debe pensarse como un derecho y la escuela puede cumplir un papel central en ese aprendizaje: enseñar a habitar lo digital, pero también recuperar el vínculo cara a cara, la conversación, la mirada y la interacción física. En esa tensión aparece otra de sus definiciones: el derecho a la desconexión. No como negación de la tecnología, sino como la posibilidad de que la pantalla no ocupe todos los espacios de la vida cotidiana.

“¿Quién cuida a los que cuidan?”

La entrevista también llevó la conversación hacia el reclamo docente que atraviesa actualmente a las escuelas bonaerenses. Clark habló allí desde su doble condición de legisladora y exdocente. Su respuesta permite volver al eje de la Ley Ema: qué se les pide a las escuelas y qué herramientas tienen para responder.

“¿Quién cuida a los que cuidan? ¿Quién cuida a los que enseñan? ¿Quién cuida a los que están en la primera trinchera?”.

Para Clark, la escuela se convirtió en una referencia social que recibe demandas que exceden la enseñanza: escucha situaciones de violencia, acompaña problemas familiares, detecta padecimientos y funciona muchas veces como espacio de contención. Por eso, sostiene, las herramientas que se incorporen al sistema educativo no deberían pensarse únicamente como nuevas obligaciones para docentes y equipos directivos, sino también como instrumentos para que puedan responder a situaciones que ya llegan a las aulas.

En el caso de la Ley Ema, esa es precisamente la apuesta: que frente a una violencia que se mueve a una velocidad que las instituciones no siempre pueden seguir, la escuela no tenga que esperar a que el daño ocurra para recién entonces preguntarse qué hacer. La intención, en palabras de Clark, es otra: “estar adelante de las cuestiones y no atrás una vez que sucede”.

El Senado tiene ahora la palabra. El proyecto llega con un dictamen unánime de las comisiones que lo analizaron y con el antecedente de haber obtenido también unanimidad en la instancia previa de Diputados. El recorrido que comenzó con distintas iniciativas encuentra así un texto común, que busca convertir la prevención de la violencia digital en una herramienta incorporada al sistema educativo bonaerense.